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El imán de las diagonales: por qué La Plata y la UNLP siguen liderando la elección de miles de estudiantes del país y Latinoamérica

La conjunción entre gratuidad, prestigio académico internacional y un trazado urbano diseñado a escala peatonal consolida a la capital bonaerense como el mayor polo universitario de la región.

El imán de las diagonales: por qué La Plata y la UNLP siguen liderando la elección de miles de estudiantes del país y Latinoamérica
28 de septiembre de 2026, 11:01

Cada inicio de ciclo lectivo, la estación de trenes y la terminal de ómnibus de La Plata funcionan como el termómetro exacto de un fenómeno demográfico ininterrumpido: el arribo constante de miles de jóvenes cargados de proyectos e incertidumbre. Con una población cercana a los 770.000 habitantes, la capital bonaerense alberga a más de 120.000 estudiantes universitarios, transformando su fisonomía en la de una auténtica ciudad-campus. De acuerdo con las estadísticas históricas de ingreso de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), cerca del 40% de los nuevos inscriptos proviene del interior de la provincia de Buenos Aires y de diversas regiones argentinas, mientras que la matrícula internacional representa entre el 5% y el 8% del padrón total, alcanzando concentraciones superiores al 20% en unidades académicas específicas como la Facultad de Ciencias Médicas. 

El motor indiscutido de esta migración es la propia UNLP. Fundada en 1905 por Joaquín V. González, la institución se posiciona de forma sostenida en el podio de las universidades del país y dentro del grupo selecto de las mejores casas de altos estudios de América Latina en rankings globales como QS y Webometrics. En un continente donde los sistemas de educación superior suelen estar marcados por aranceles prohibitivos, deudas financieras prolongadas o exámenes de ingreso con cupos estrictos, el modelo argentino de universidad pública, gratuita e irrestricta emerge como una anomalía virtuosa de enorme potencia transformadora. 

Ese contraste explica la procedencia y los motivos de quienes cruzan las fronteras para radicarse en las diagonales. Para los jóvenes de Chile o Colombia, la posibilidad de cursar carreras de alta exigencia como Medicina, Psicología o Arquitectura sin comprometer la economía familiar con créditos bancarios a largo plazo constituye un punto de inflexión. Al mismo tiempo, postulantes de Perú, Ecuador y Venezuela encuentran en las aulas platenses una sólida red de investigación científica respaldada por más de un centenar de centros asociados al CONICET, junto con la jerarquía de títulos de grado reconocidos en el plano internacional y un proceso de convalidación académica accesible.

El paisaje cotidiano de las facultades refleja esa integración cultural, donde conviven tonadas andinas, modismos caribeños y giros lingüísticos de la Patagonia o el norte argentino. Mientras las áreas de Ciencias Médicas y Odontología concentran una marcada presencia de estudiantes de la región andina, las facultades de Artes, Humanidades y Psicología suelen atraer a colectivos de Colombia y de distintas latitudes del país, atraídos por una tradición pedagógica orientada al pensamiento crítico y a las ciencias sociales. En paralelo, disciplinas como Ingeniería, Ciencias Económicas e Informática continúan sumando aspirantes de todo el mapa regional, impulsadas por su alta inserción laboral. 

Más allá de las aulas, el diseño urbano de La Plata juega un rol determinante en la elección. Concebida a fines del siglo XIX como una cuadrícula perfecta de avenidas anchas, plazas cada seis cuadras y bulevares arbolados, la ciudad ofrece una escala humana difícil de hallar en las grandes urbes metropolitanas. La cercanía entre los polos académicos —distribuidos entre el bosque y el casco céntrico— y las zonas residenciales permite que la mayor parte de la rutina se resuelva a pie o en bicicleta, lo que reduce de manera sustancial los costos y tiempos de traslado diario. Asimismo, el costo de vida general y los alquileres en barrios como Plaza Rocha, Plaza Italia o Barrio Norte suelen situarse por debajo de las referencias del mercado de la Ciudad de Buenos Aires, configurando un ecosistema donde fotocopiadoras, bibliotecas, pensiones y propuestas culturales conviven en una misma sintonía. 

A este entramado logístico se suma una política de bienestar estudiantil que oficia de contención directa frente al desarraigo. El Comedor Universitario, con sus distintas sedes operativas, garantiza almuerzos diarios a valores accesibles para miles de jóvenes, mientras que iniciativas como el Albergue Universitario, las becas de transporte y la atención sanitaria preventiva brindan soporte a quienes no cuentan con respaldo económico suficiente para sostenerse fuera de sus lugares de origen.

Lejos de ser un mero punto de paso en el mapa, La Plata consolida su identidad histórica como una maquinaria de movilidad social e integración cultural. En el cruce de sus diagonales y bajo la sombra de sus tilos, la experiencia de migrar para estudiar encuentra una comunidad pensada a la medida de quienes buscan transformar su futuro a través del conocimiento público.